Intervenciones
Cartografiar presentes y memorias. Territorios insulares desde la Comunidad Corunda Corondá
Cartografiar presentes y memorias. Territorios insulares desde la Comunidad Corunda Corondá
Revista de Extensión Universitaria +E, vol. 15, núm. 22, e0008, 2025
Universidad Nacional del Litoral

Recepción: 30 Julio 2024
Aprobación: 29 Noviembre 2024
Resumen: La Comunidad Corunda Corondá fue reconocida en 2011 por el Estado provincial de Santa Fe, Argentina. No obstante, el proceso de afirmación y reconocimiento del que son parte, viene siendo impulsado desde hace tiempo a través de las tareas que sus referentes asumen para dar a conocer su historia e identidad en diferentes ámbitos. Junto a esto, articulan acciones por la demanda del territorio en función de derechos expresados en leyes provinciales. A partir de un proyecto de extensión propusimos mapear prácticas pasadas y recientes sobre el territorio insular para reconstruir la historia territorial de la Comunidad. En este artículo presentamos reflexiones acerca de las formas de coproducción de conocimiento resultantes de la utilización del método cartográfico. Entendemos este mapa como un texto que recupera narrativas espaciales sobre el proceso de re–emergencia indígena que la Comunidad viene sosteniendo.
Palabras clave: Corunda Corondá, método cartográfico, mapa, extensión universitaria, Santa Fe.
Abstract: The Corunda Corondá community was recognized in 2011 by the Provincial State of Santa Fe, Argentina. However, the process of affirmation and recognition of which they are part has been promoted for some time through the tasks that their leaders assume to make their history and identity known in different areas. Along with this, they articulate actions for the demand of the territory based on rights expressed in provincial laws. Based on an extension project, we proposed to map past and recent practices on the island territory to reconstruct the territorial history of the Community. In this article we present reflections on the forms of co–production of knowledge resulting from the use of the cartographic method. We understand this map as a text that recovers spatial narratives about the process of indigenous re–emergence that the community has been supporting.
Keywords: Corunda Corondá, cartographic method, map, university extension, Santa Fe.
Resumo: A Comunidade Corunda Corondá foi reconhecida em 2011 pelo Estado Provincial de Santa Fé, Argentina. No entanto, o processo de afirmação e reconhecimento de que fazem parte tem sido promovido há algum tempo através das tarefas que os seus dirigentes assumem para dar a conhecer a sua história e identidade em diferentes áreas. Junto a isso, articulam ações de reivindicação do território baseadas em direitos expressos em leis provinciais. A partir de um projeto de extensão, propusemos mapear práticas passadas e recentes no território insular para reconstruir a história territorial da Comunidade. Neste artigo apresentamos reflexões sobre as formas de coprodução de conhecimento decorrentes da utilização do método cartográfico. Entendemos este mapa como um texto que recupera narrativas espaciais sobre o processo de reemergência indígena que a Comunidade vem apoiando.
Palavras-chave: Corunda Corondá, método cartográfico, mapa, extensão universitária, Santa Fe.
Introducción: puntos de partida para una cartografía social
“Hay que conocer el espacio para poder luchar en él”.(Lacoste en Oslender, 2017, pp. 15)
Nos reúne la tarea en el marco del Proyecto de Extensión de Interés Social (PEIS) “Historias y derechos territoriales indígenas: una reconstrucción junto a la Comunidad aborigen Corunda Corondá” (Convocatoria 2021–2022, Resolución 321, Universidad Nacional del Litoral —UNL—). No obstante, llegamos al proyecto desde trayectos heterogéneos. Uno de los puntos de partida fue un itinerario de investigación doctoral (Gomitolo, 2023) que llevó a comprender a la Comunidad Corunda Corondá como parte de una red de actores en un proceso de reconfiguración de las islas del Delta Superior del río Paraná. En los encuentros con el cacique y su familia se abrió un abanico de temas y problemas vinculados con la reemergencia de la organización indígena y el reconocimiento territorial, el activismo político, la relación con diversidad de agentes estatales, los derechos reconocidos, los horizontes de acción, las frustraciones.
La Comunidad Corunda Corondá es reconocida en el año 2011 por el Estado provincial y está conformada por 15 familias. No obstante, viene sosteniendo un proceso de reemergencia indígena desde hace tiempo. El mismo tuvo como cacique precursor a Cipriano “Colo” Ñañez. En la actualidad, Claudio Ñañez, su hijo, es quien ocupa dicho rol. La historia reciente de la Comunidad está siendo reconstruida por el trabajo desde la arqueología (Sartori et al., 2022) y antropología (Balducci et al., 2018), la historia (Cornero y Green, 2022) y la sociología (Gomitolo, 2020).
A partir de la historia oral, han recuperado gran parte de las prácticas del pasado de la Comunidad, haciéndolas dialogar con prácticas arqueológicas del presente (Balducci et al., 2018; Sartori et al., 2022). La porción territorial ocupada por los Corondá es presentada como una de las más ricas de la provincia en términos arqueológicos. Entre los aspectos centrales de la cultura Corondá, aparece la relación con el río como proveedor de alimento y de materiales, medio de transporte y con significaciones de orden espiritual. En los relatos de Claudio Ñañez, el río se define como un actor más en las dinámicas cotidianas de la Comunidad, en su historia y en el presente. El cacique enfatiza en la actividad cazadora recolectora del pueblo Corondá, así como aclara que no practicaban la agricultura. A su vez, manifiesta que en la zona cercana a cursos de agua (río o arroyos) es donde se emplazaban los enterratorios, y es por ello que la mayoría se localizan en las islas.
Actualmente, la Comunidad Corunda Corondá se encuentra en un proceso de reemergencia indígena1, “un despertar”, como señala Claudio. El cacique se refiere a la Comunidad en términos de “dormir” o “despertar”. Con “dormir” referencia períodos en que la Comunidad se encontró “oculta”, “resguardada” por sentirse amenazada. En contraposición, “despertar” implica una visibilización de la misma, de sus prácticas, una reconstrucción de su historia (Gomitolo, 2020). Dicho despertar involucra conflictos latentes entre diferentes actores con mayor o menor capacidad de ejercicio del poder: privados con injerencia en las islas y agencias del Estado provincial y nacional. En tal sentido, venimos trabajando de manera conjunta en ciertas problemáticas derivadas de tensiones en torno a la propiedad de las islas que utilizan y reclaman al Estado como propias.
Al proponernos co–construir conocimiento acerca de la historia territorial con comunidades originarias de la provincia de Santa Fe2, se vuelve fundamental conocer y distinguir la red de actores e instituciones que operan en relación con ellas. Así también, conocer los derechos territoriales concedidos a pueblos originarios que conforman la legislación de la provincia. Los mismos tienen un desarrollo particular respecto de otras provincias (Briones, 2008). Santa Fe, por ejemplo, contiene en su corpus legal una ley que permite el acceso a la propiedad comunitaria de la tierra. La forma en que se vinculan legalmente con las tierras que habitan es variada y se regula a través de la Ley provincial 12086/2002. Puede identificarse una diversidad de experiencias: algunas han accedido a la “entrega definitiva mediante escritura”, otras mediante “adjudicaciones sin transferencias definitivas”, y otras aún se encuentran tramitando la posesión y sus expedientes figuran “en tránsito” (Gomitolo et al., 2020).
Como se advierte, la cuestión indígena en la provincia de Santa Fe3 presenta aspectos particulares que deben ser tenidos en cuenta en el análisis: la superposición normativa (nacional y provincial) referida al registro y relevamiento de comunidades y restitución de tierras (Colla y Martínez, 2024), así como la creación de áreas protegidas (parques nacionales) sobre territorios que históricamente los pueblos originarios usan y ocupan y territorios contemplados en la mencionada ley para adjudicación de las comunidades aborígenes en concepto de reparación histórica. En este panorama, se producen nuevas conflictividades que interpelan directamente el cotidiano de las comunidades.
Quienes diseñamos el proyecto desde la Universidad, confluimos en un interés común: el de comprender las disputas territoriales y los procesos de reemergencias étnicas de organizaciones y comunidades en la provincia de Santa Fe. A su vez, el motor investigativo desborda los parámetros de productividad académica. Nos interesa comprender para incidir políticamente en términos amplios, en consonancia con una línea de investigación adjetivada (Rodríguez, 2019), comprometida, ética (Restrepo, 2016; Carrasco, 2022), postura que se pone en práctica a partir de constituir y diseñar un proyecto colaborativo de extensión universitaria4. Aspiramos a generar herramientas que interpelen las prácticas sociales en diferentes ámbitos, incluso en el propio campo académico. La propuesta de coproducir un proyecto de extensión junto a la Comunidad nos llevó a definir que el propósito del mismo era promover el efectivo cumplimiento de los derechos territoriales indígenas. En este sentido, contribuir al fortalecimiento de la comunidad originaria Corunda Corondá pensando conjuntamente estrategias y mecanismos para la canalización de demandas puntuales y la recuperación de la memoria histórica del pueblo. Iniciamos el proyecto docentes e investigadoras5 de diferentes carreras y provenientes de distintas disciplinas (Antropología, Geografía, Sociología, Ciencias ambientales) y se sumaron en el proceso arquitectas, estudiantes de Trabajo Social y de Abogacía.
A lo largo del proceso nos involucramos también en la posición que Briones (2018, p. 16) define como “un mediador entre formas de (des)conocimiento (...). Es decir, una especie de facilitador autorizado de un diálogo entre dos sectores (...) [que incluso conlleva] producir fricciones de sentido con y entre las distintas partes”. Esto ocurrió entre los integrantes de la Comunidad y diversos agentes. Acercar partes, generar puentes y, también, correrse en función del despliegue de la autonomía del vínculo. Una suerte de ejercicio de traducción entre partes (Latour, 2007) que busca justamente contextualizar e historizar (Briones, 2018): “traducir en términos etnográficos no es mostrar las diferencias entre cosas, sino dentro de ellas” (Briones, 2018, p. 19).
En este trabajo nos proponemos reflexionar sobre la producción de cartografía junto a la Comunidad aborigen Corunda Corondá en la provincia de Santa Fe. Nos ocupa la reconstrucción de las memorias y las prácticas presentes que pueden ser cartografiadas por parte de la Comunidad en conjunto con un equipo de extensión. Pensamos la memoria como acto y narración, factible de activarse de acuerdo con las coyunturas y ciertos contextos históricos. A la vez, consideramos que memoria e identidad se constituyen mutuamente (Jelin, 2002).
Una serie de preguntas motiva el trasfondo de este escrito: ¿cómo espacializamos el diálogo de saberes? ¿Cómo traducimos en un mapa los diálogos entre integrantes de la Comunidad y un equipo de extensión universitaria? ¿Quién releva la información y para qué? ¿Cómo trazamos en un mapa la historia territorial de una comunidad, las prácticas presentes y sus luchas?
Compartir el trabajo que venimos realizando se presenta, al mismo tiempo, como desafío y aporte metodológico. Al respecto, el escrito se organiza de la siguiente forma: luego de esta introducción, reflexionamos sobre el diseño metodológico y nos explayamos sobre las estrategias que pusimos en juego en la producción cartográfica enfatizando en la idea de proceso. Posteriormente, detallamos la “deriva del taller”, esto es, el paso a paso en la elaboración colectiva de un mapa. Luego, recuperamos las narrativas que se inscriben en el resultado cartográfico junto con los territorios reconstruidos. Y finalizan este trabajo reflexiones e interrogantes a considerar a futuro.
Del territorio al mapa y del mapa al territorio: el plan de cartografiar con otras y otros
La producción de una cartografía social sobre las islas resultó de un itinerario en el que llevamos a cabo una serie de estrategias de generación e intercambio de información previas basadas en el diálogo de saberes. Como expresa Álvarez (2017):
“El diálogo de saberes es una práctica indispensable en la educación popular que posibilita el intercambio a partir del convencimiento que todos y todas tenemos un saber para compartir. El camino pedagógico consiste en la construcción de los marcos propicios para que esos saberes entren en conversación de manera horizontal, rompiendo la verticalidad y la imposición del conocimiento propias de la educación hegemónica”. (2017, pp. 115–116
Una primera fase de interconocimiento (Quiros, 2014) derivó de encuentros y entrevistas con el cacique e integrantes de la Comunidad. Además de dichos encuentros, fue clave participar de la celebración del bautismo del hijo menor —ritual comunitario que se llevó a cabo en el río Coronda y su ribera en 2020—, ya que nos posibilitó comenzar a distinguir sentidos presentes e históricos atribuidos al territorio habitado en tierra firme, en la isla y en el río6. Los registros de dichas situaciones nos permitieron comenzar a caracterizar y coteorizar (Guber, 2013), es decir, comprender con ellas y ellos el territorio aborigen Corondá. El territorio Corondá no solo es narrado a partir de los retazos de memoria. Es definido desde la poesía de Cipriano Colo Ñañez (1996), primer cacique en reivindicar su origen y reconocerse como corondá. Es recuperado en sus rastros materiales por el equipo de arqueólogos que introduce la validación científica de las formas de habitar históricas, práctica realizada en coordinación por el Museo Municipal José Manuel Maciel, institución que exhibe y legitima los hallazgos (Sartori et al., 2022). Fue reconocido por el Municipio de Coronda cuando entregó las islas al primer cacique en 19927. Es registrado y visibilizado mediante legislaciones provinciales que regulan procedimientos burocráticos y dispositivos que inscriben derechos, pero, a su vez, constituyen un obstáculo en sí mismo (debido a las controversias y andamiaje burocrático a sortear) para el acceso a la propiedad y el reconocimiento de la Comunidad como quienes “tradicional e históricamente” las han ocupado.
En las políticas nacionales también advertimos incidencias que movilizan prácticas. No solo la letra de la normativa que inscribe la Constitución Nacional, sino la aspiración a ordenar, restringir, favorecer y controlar actividades sociales, políticas y económicas. Entre ellas, notamos la presencia del Parque Nacional Islas de Santa Fe y la propuesta de expansión con la figura de Reserva Ambiental, sobre ciertas islas de interés para la Comunidad Corondá. Ligado al Parque, cabe destacar el financiamiento desde 2022, en el marco del Proyecto de Recuperación de Paisajes y Medios de Vida en Argentina8, para potenciar y orientar acciones de desarrollo turístico por parte de las comunidades locales. En dicho contexto se encuentra el Subproyecto “Corredor turístico Chaná–Corundá”.
Partimos de una perspectiva relacional para comprender el devenir de la Comunidad Corunda Corondá, inspirándonos en la teoría del actor–red (Latour, 2008). Este enfoque nos conduce, por una parte, a considerar a los actores en tanto sujetos reflexivos y, por otra, a contemplar entre los actores no solo a humanos, sino a cualquier elemento (actante) con capacidad de incidir en los procesos observados.
En una instancia de taller que conjugó exposiciones y relatos varios, construimos un mapa de actores con los que se relaciona la Comunidad (ver Figura 1). El devenir de los Corondá se ensambla entonces con una multiplicidad de agentes humanos y no humanos que lo complejiza, como también complejiza la extensión y densidad del territorio en el que habitan o al que aspirar políticamente.
Figura 1. Mapa de actores (actantes humanos y no humanos): entramado de instituciones, marcos regulatorios y programas vinculados a la Comunidad Corunda Corondá (2022)

A partir del acervo de información coproducida, planificamos el taller de cartografía social: “Memorias territoriales de la Comunidad Corunda Corondá”10. El objetivo que nos propusimos fue generar una cartografía del territorio como herramienta reflexiva para visualizar el presente y su historia. Tanto los diálogos como la materialización y traducción cartográfica apuntaron a recuperar: las memorias espaciales y las prácticas actuales, a situar los actores con los que se relaciona la Comunidad y las estrategias y/o negociaciones para reclamar/defender sus territorios.
En la práctica de mapeo se conjugan la investigación y la práctica de extensión. Desde el “diálogo de saberes”, el proceso de trabajo modifica (y, a veces, tensiona) ritmos y tareas, formas de nombrar y objetivos a proponer. Compartimos con Diez Tetamanti y Chanampa (2016) la idea de que este tipo de trabajo contribuye a una doble producción: de conocimiento y de problematización de la realidad para todos y todas los que conformamos el equipo extensionista.
A la hora de diseñar la propuesta de mapeo, utilizamos algunos aspectos sugeridos por Diez Tetamanti (2018) para el desarrollo del método cartográfico. En particular, nos interesaba acercar la iniciativa de mapeo con una planificación abierta, atendiendo a necesidades manifestadas por miembros de la Comunidad. Claudio destacaba como tarea importante localizar islas y espacios que la Comunidad utiliza y reclama. Por ello, orientamos el derrotero a dicha demanda. El derrotero es “una secuencia de aspectos cartografiables y referenciables con un orden escénico que puede ser sistematizado” (Diez Tetamanti, 2018, pp. 61–62). Por eso pensamos una serie de preguntas y materiales que guiarían el mapeo. Los aspectos cartografiables son definidos como “abstracciones o representaciones o producciones que pueden materializarse en el dibujo del mapa, que al mismo tiempo permiten discutir sobre “un proceso”, “una ubicación”, “relaciones”, “prácticas”, “conflictos”, “cambios”, “imaginarios”, etcétera” (Diez Tetamanti, 2018, pp. 61–62). En tal sentido, nos motivaba recuperar la historia territorial de la Comunidad, haciendo hincapié en sus prácticas. Es por ello que los aspectos cartografiables eran: prácticas actuales y de sus “ancestros” sobre: islas, río y “tierra firme”, reclamos territoriales, superposición de normativas legales, red de actores involucrados.
Llevamos una serie de preguntas que considerábamos potentes para la ejecución del taller: ¿cuáles son los lugares en la isla y el río que constituyen la historia de la Comunidad? ¿Cuáles son los sitios donde se habita? ¿En cuáles se habitó? ¿Dónde se ubican los lugares más importantes para la Comunidad? ¿Qué prácticas llevaban a cabo los ancestros? ¿Cuáles realizan ahora? ¿Dónde? ¿Cuáles son los principales reclamos de la Comunidad con relación al territorio? ¿Qué estrategias viene sosteniendo la Comunidad para poder defender su territorio? ¿Con qué otras prácticas y actores se encuentran en el territorio insular? ¿Cuáles son los dispositivos estatales que inciden y configuran actualmente las islas?
Imaginábamos que las mismas eran necesarias para hacer circular la palabra. Trabajamos sobre un mapa impreso de 1.60 m de extensión, desarrollado por las arquitectas del equipo, en el que anexaron las cartas catastrales del departamento San Jerónimo provistas por el Servicio de Catastro e Información Territorial (SCIT) de la provincia de Santa Fe. A su vez, para la ocasión fueron pintadas y marcadas: islas de propiedad fiscal provincial (rosa claro); islas de propiedad privada (rosa oscuro); islas sin propietario (amarillo claro); islas del Parque Nacional Islas de Santa Fe (PNISF, en adelante) ley nacional 26648 (verde oscuro); islas contempladas en la ampliación del PNISF, Ley provincial 14423 (verde claro); islas dispuestas por la Ley provincial 12086 (trama oblicua amarilla); islas con uso territorial histórico o actual por parte de la Comunidad Corondá (trama oblicua naranja); islas pedidas por nota (borde violeta).
La forma de “marcado” propuesta consistía en el uso de adhesivos (pictogramas seleccionados previamente) que respondían a diferentes aspectos representativos de las dinámicas de la Comunidad (las ya conocidas). Para distinguir las prácticas presentes y las históricas llevamos un papel celofán transparente sobre el cual distinguir las prácticas del pasado; de esta manera, se trabajaría sobre ambas superficies, dando cuenta de la posible superposición de capas. Para complementar, pusimos a disposición de los participantes algunos materiales: dibujos, fotografías y poemas del libro de Colo Ñañez. Todos estos elementos se pensaron a razón de obtener resultados específicos (como hemos mencionado en la descripción del derrotero). Lo cierto es que la praxis, una vez más, interpeló la metodología pensada.
Cabe aclarar aquí que, siguiendo el método cartográfico, el plan involucró modalidades de registros sobre lo que acontecía en el taller: no solo la escritura sobre el mapa, sino también notas realizadas en el momento o descripciones densas elaboradas luego. Así también, la grabación del audio de los diálogos para su posterior desgrabación y registros fotográficos. A continuación, efectuamos un recorrido por los movimientos y situaciones que se gestaron en la instancia de mapeo desarrollado en el comedor de la casa del cacique Claudio Ñañez en la ciudad de Coronda (Santa Fe).
Derivas del taller: “Me criaron en esto, conozco el mapa y el lugar”
Cuando desplegamos in situ el mapa sobre una mesa, para sorpresa del equipo, los miembros de la Comunidad se arrojaron sobre él. Los hombres “tomaron la posta”, sin preguntas de por medio, y comenzaron por mencionar y ubicar islas y lugares que conocían (cerro de Cabrera, enterratorios, lugares de pesca, entre otros). Nos adaptamos a esa dinámica fundada en el momento, no fueron necesarias las preguntas, no fue necesario el uso de imágenes.
“Automáticamente se despliega el mapa, los jóvenes de la Comunidad (algunos hijos de Claudio y sobrinos) se vuelcan sobre él a identificar islas. Marcamos juntos, nos indican dónde está cada una de las que utilizan y para qué, dónde el río está seco, dónde están los cementerios, dónde los lugares para bautismos, dónde la presentación del niño. La presentación del niño al río se realiza en una zona elevada, ellos disponen de un albardón alto en la isla donde realizan dicha ceremonia. Entre los relatos, van justificando los usos, acá no pescamos más porque… Vuelven sobre las islas, comentan sobre la Ramírez y algunas otras donde los ‘gringos’ rellenaron para ‘hacerlas desaparecer’. Los jóvenes buscan documentación que hay en la casa, como el anexo de la 12086, y se ponen a identificar islas por su propia cuenta. Nos indican dónde están y que las marquemos, descubren la manera de leer los códigos de identificación y nos lo explican.
Las mujeres están en el mapeo, no todas, la mayoría se ubica en la otra habitación. Otras se quedan en la habitación del mapeo, pero detrás no sobre la mesa donde está el mapa. Les pregunto si van a la isla, ‘sí, en vacaciones’ me responden. La isla pareciera ‘cosa de hombres’, pero lo cierto es que los comentarios de ellas dejan entrever que son conocedoras del lugar”. (Taller de mapeo, 23 de junio de 2023)
Las mujeres están en el mapeo, no todas, la mayoría se ubica en la otra habitación. Otras se quedan en la habitación del mapeo, pero detrás no sobre la mesa donde está el mapa. Les pregunto si van a la isla, ‘sí, en vacaciones’ me responden. La isla pareciera ‘cosa de hombres’, pero lo cierto es que los comentarios de ellas dejan entrever que son conocedoras del lugar”. (Taller de mapeo, 23 de junio de 2023)
Frente a la dinámica gestada, el equipo colabora haciendo preguntas que no estaban en el diseño inicial del taller, una especie de mapeo “sobre la marcha”. Cuando Sara Ahmed (2021) plantea el lugar de la investigadora, piensa en la interpelación de los sujetos: en la teorización “sobre la marcha”. Lo que nos sucedió durante el taller puede leerse en dicha clave: “nos toca aceptar nuestra complicidad; abandonamos cualquier ilusión de pureza; renunciamos a la posición segura de la exterioridad” (Ahmed, 2021, p. 176). Esto implica objetivar nuestra propia práctica de extensión y repensar las estrategias planificadas simultáneamente, es decir, mientras se produce el mapeo. ¿Qué habría sucedido si nuestro posicionamiento hubiese sido intentar “hacer encajar” la dinámica a la planificación pactada? Como sostiene Francesco Careri (2014) en la deriva del proceso cartográfico, “el punto clave reside en cómo proyectar una dirección, pero con una amplia disponibilidad a la indeterminación y a la atención hacia los proyectos de los demás” (p. 165). En parte, esta propuesta retoma lo sucedido para pensar, precisamente: ¿cómo nos posicionamos/implicamos como equipo extensionista ante las situaciones sobre la marcha? Corea (2003) nos aporta “no es común que las investigaciones tomen como parte de su propia intervención la dimensión que hace a la transformación del que investiga, a su implicación” (p. 1).
Las preguntas y dinámicas diseñadas se alteraron para dar paso a la autonomía de los sujetos en la producción cartográfica. Así fue como se sucedieron otras situaciones no esperadas, pero igualmente centrales, entre las que nos parece importante recuperar: la utilización de Google Maps para ubicar y comparar islas con el mapa analógico y la revisión de documentación propia de la Comunidad con nomenclatura de islas que el equipo de extensión no poseía. Este segundo aspecto posibilitó identificar islas que no habíamos localizado anteriormente. Este acontecer es fundamental en tanto y en cuanto se produce conocimiento genuino derivado del mismo proceso de mapeo.
Cabe mencionar aquí también lo sucedido en torno a la posición en el espacio de los cartógrafos sociales11; si bien no se trabajó en el suelo, como propone Diez Tetamanti (2018) para poder garantizar la horizontalidad, sucedió algo similar, se trabajó sobre una mesa, y los miembros de la Comunidad se colocaron alrededor del mapa. Esto sucedió así por iniciativa del cacique:
“Claudio nos propone e insiste en trabajar en otra habitación de su casa. Nos habilita el espacio, abre las puertas de su casa, la comparte, parece confiar en el trabajo que venimos a hacer y en el equipo. En la otra habitación se dispone una mesa grande, rectangular, donde desplegamos el mapa realizado por las arquitectas del equipo”. (Taller de mapeo, 23 de junio de 2023)
Antes del viaje a Coronda, en el diseño del taller, miembros del equipo extensionista asumieron roles que llevarían a cabo en el mapeo. En tal sentido, la antropóloga propuso ser la escriba, cuya tarea era llevar la hoja de bitácora del taller, su registro (Diez Tetamanti, 2018). Este rol consensuado previamente resultó también interpelado, ya que otros miembros de la Comunidad efectuaron, por ejemplo, un registro fotográfico del mismo.
“Las tareas durante el mapeo parecen distribuidas, aun sin que se lo hayamos pedido. Claudio cuenta cuestiones sobre su cultura e historia. Sus sobrinos e hijos marcan islas y cotejan datos con la información que tienen. Claudio se sorprende de ‘todo lo que saben sus muchachos’ se siente acompañado en el proceso. Las mujeres más atrás participan sin hablar, pero con presencia. María luego nos contará que ella siempre quiere hacer reclamos, cortar calles, manifestarse y que Claudio prefiere optar por otras formas. También están presentes algunas niñas, una de ellas, toma fotos digitales con una cámara de una compañera del proyecto”. (Taller de mapeo, 23 de junio de 2023)
Lo ocurrido introdujo nuevas preguntas: ¿quién registra? ¿Qué cosa se registra? Atento a ello, la deriva de los cuerpos durante el taller de mapeo cobra relevancia en tanto la postura, los permisos, las ausencias, las omisiones y directivas permiten pensar las relaciones de poder y, como consecuencia, de coproducción de conocimiento. Es la mirada de las infancias la que registra a través de fotos sobre lo que hacen los adultos. Es, a su vez, el brazo extendido de los miembros de la Comunidad, reunidos en torno a la mesa, el que nos indica “marcá eso”, “esto es tal cosa”. Así, Diez Tetamanti (2018) nos dice “el cuerpo es sin duda, de observación y abordaje indispensable en la cartografía social, no hay texto final sin cuerpo no hay interpretación completa sin este” (p. 75).
¿Cuántos territorios caben en un mapa o cuántos mapas hacen un territorio?
Los discursos y voces que en la situación de taller ilustraron los contornos y señales en el mapa de las islas tienen que volver a sonar para escuchar las interpretaciones y las relaciones de poder que lo tensan y lo traman. Como anticipamos en el apartado previo, “los cuerpos hablan y las palabras dibujan, un nuevo texto se va componiendo entre las observaciones, las discusiones y el intercambio de información que construye el mapa” (Diez Tetamanti, 2018, p. 75). Esto conlleva a la reflexión pausada y atenta en el proceso de “pasaje” del mapa inicial que fue intervenido en papel en el taller a reelaborarlo en formato digital. Trabajamos entonces los sentidos emergentes en el análisis de las notas del taller con los registros de las desgrabaciones y las marcas visuales que ilustraron el mapa. Identificamos prácticas y topónimos. Espacializar las prácticas implica reflexionar acerca de encontrar planos comunes para comunicar qué iconografías son acordes a los fines del mapa. Si bien inicialmente pusimos a disposición una serie de iconografías seleccionadas por el equipo, estas fueron transformadas y los relatos se volvieron íconos (ver Figura 2).

En este recorrido de actividades realizadas, consideramos una primera instancia las prácticas de producción de conocimiento que fueron conjugadas para el diseño de la propuesta de mapeo y en la configuración del mapa inicial, y como segunda instancia lo acontecido en el taller. La intención de esta tercera instancia analítica es convertir las relaciones sociales y políticas dinámicas que traman el territorio en íconos que sinteticen las prácticas presentes y las históricas. El mapa materializa y representa visualmente el punto de vista de las y los involucrada/os y su relación con el espacio.
Tal como describimos anteriormente, el punto de partida fue el mapa elaborado por medio de las cartografías facilitadas por el SCIT y las marcas de los dispositivos estatales, lo que permite pensarlo en clave de un territorio jurídico en donde el poder es “un poder externo, con frecuencia centralizado y ejercido de manera burocrática, impuesto desde arriba y manifiesto en actos específicos o en fases de política deliberada” (Harley, 2005, p. 17). Este territorio jurídico es leído y marcado en función de las diferentes prácticas presentes e históricas.
El desafío metodológico se pone de manifiesto no solo en la instancia de mapeo, sino también en los momentos posteriores. La pregunta que nos interpela como equipo es: ¿de qué manera reproducimos lo sucedido en el taller en una cartografía que sea lo más “fiel” posible? Para derivar luego en la reflexión en torno al interrogante: ¿debe la fidelidad regir la producción cartográfica? Malena Mastricchio (2017; 2023) nos posibilita pensar la traducción más allá de la introducción de información en un soporte papel. Las traducciones tienen en cuenta tanto contexto como destinatario, y al respecto se sostiene: “más que una mera equivalencia, se presenta como la producción de un texto adaptado al contexto de destino” (Mastricchio, 2017, p. 21). Doré (2022) recupera a Eco para afirmar que “traducir significa comprender el sistema interno de una lengua (...) y construir un doble sistema textual que, bajo determinada descripción puede producir efectos análogos en el lector” (2022, p. 161).
¿Cómo leemos y marcamos un territorio? ¿Cómo construimos el mapa–texto? Al entender los mapas como textos, ellos encierran en su producción un código gráfico (formas con contenido), en nuestro caso, la iconografía elaborada. A su vez, no pueden disociarse del relato que los produce. En cuanto a la iconografía, esta buscó traducir el código verbal de los enunciados, y es por ello que, a la hora de volcar las narrativas al mapa, fue necesario pensar cómo representar ciertas dinámicas: prácticas, temporalidades y desplazamientos. Decidimos asignar “marcas” que distinguen historia pasada y reciente, así como trayectorias espaciales de los actores. No obstante, el “proceso de traducción” no se agota en el aspecto gráfico, nos proponemos construir categorías que reflejen la deriva de nuestro taller. De este modo se genera el mecanismo en que “la propia traducción transforma el supuesto elemento original en “otra cosa” donde la narrativa del texto–mapa está dada a partir de la discusión que implica la producción del mapa” (Diez Tetamanti, 2018, p. 46).
Mediante la recuperación de las palabras y sentidos con las que son expresadas y comprendidas las islas, reconstruimos una serie de territorios emergentes que describimos brevemente a continuación y que definen la diversidad de geografías superpuestas entre sí. Coincidimos con Mançano Fernandez (2012), quien propone comprender al territorio como una relación de poder caracterizada por una conflictividad permanente. Su enfoque académico–político genera una tipología que conjuga los siguientes tipos: a) el referido al “espacio de gobernanza” (con diferentes niveles dados por los Estados, provincias y municipios); b) el vinculado a las “formas de propiedad” (configurado a través de las relaciones entre las clases sociales que constituyen, a la vez, el primer tipo) que paralelamente entiende como espacio de vida; y c) el territorio dado por las formas de uso. Rastrear las formas de uso del territorio nos hizo factible construir un mapa para observar y visibilizar cómo se da la conflictividad. La relación entre los sujetos (comunidades, grupos, colectivos) y la construcción de los territorios resulta imbricada, esto es, la manera en que la transformación del espacio y del quehacer en el espacio, transforman los sujetos y viceversa.
Los “territorios empadronados” involucran las islas registradas por las diferentes agencias estatales (municipal, provincial o nacional) en función de alguna normativa. Las legislaciones les otorgan sentidos a las islas al regular las prácticas posibles. Estos territorios contemplan las islas otorgadas por el Municipio que representan, a su vez, el primer reconocimiento como comunidad aborigen. Asimismo, se extiende por aquellas islas que se encuentran detalladas en la Ley provincial 12086/2002, es decir, las islas y lotes fiscales que la provincia pone a disposición de las comunidades aborígenes para que puedan ser solicitadas como reparación histórica. Focalizan especialmente entre las reclamadas por la Comunidad mediante una nota para cumplimentar los pasos administrativos. Al describir estos procesos de reclamo al Estado, relatan y destacan una variedad de aprendizajes burocráticos.
La identificación de otras islas que no fueron reclamadas, pero que se encuentran a disposición según la normativa, les permite repensar y revisar la estrategia y barajar distintas posibilidades como “territorios de oportunidad”. Algunas islas se vuelven oportunas por su acceso para pescar, acampar, y para involucrarlas en el espacio habitado. Son tenidas en cuenta para reclamos futuros, aunque hace una década que vienen esperando la concreción de otros pedidos.
Las islas se presentan activas, realizando acciones, y es lo que nos posibilita pensar en “territorios vivos”. Islas que se hunden, se hacen grandes, aparecen y desaparecen, se pegan y se juntan entre sí. El registro de las transformaciones pone en cuestión por parte de los participantes la forma en que el mapa las cristaliza y deja estáticas. Este conocimiento estrecho del lugar, y la consideración de su dinámica, en especial las relaciones que las islas mantienen con el río y viceversa, les permite interrogar la “veracidad” del mapa original tal como propone el Estado. La movilidad de las islas se desarrolla con mayor agilidad que lo que registra el poder jurídico, el territorio jurídico que representa la cristalización de la dinámica histórico–social y política.
La experiencia sensible de los sujetos y de los pueblos es atravesada por la vivencia del territorio: íntimo, institucional, regional. Además de la mirada multiescalar, Nates Cruz (2011) observa cómo se expresan las diversas dimensiones que constituyen al territorio y en los que destaca la interacción de tres órdenes: realidad geográfica, relación emocional con la tierra y representación colectiva.
En este mapa hay también una dimensión temporal que apela a la memoria histórica. Una decisión para distinguir las prácticas históricas y las presentes fue marcar con una circunferencia los íconos que aludían a las primeras: sitios en los que se ubicaron asentamientos, se realizó caza, pesca, y donde hubo cementerios. Así es que podemos espacializar los relatos históricos y, a la vez, reconstruir los “territorios arqueológicos” que son una suerte de vínculo estrecho entre el pasado y el presente. Los cementerios y enterratorios identificados muestran las huellas de los Corondá en el pasado y el consentimiento por parte de la Comunidad para que los arqueólogos hagan su trabajo12, lo que, al mismo tiempo, los legitima desde el campo científico.
El río Paraná es presentado como el ámbito propicio para la pesca. Los itinerarios para llegar a él han ido variando conforme a las crecientes y bajantes de los arroyos que conectan con el río Coronda. Asimismo, han sido afectados por las habilitaciones o restricciones de privados que generaron endicamientos y obligaron a cambiar los caminos. Marcamos estos trayectos como “territorios recorridos”. Recorrer implica, muchas veces, solicitar autorizaciones y vincularse con puesteros y gringos.
En los relatos aparecen también actores fantasmagóricos: carpinchos con cabezas de calavera, lanchas que se escucha avanzar pero que no arriban nunca, botas que caminan y marcan presencias invisibles. Algunas de estas presencias configuran “territorios malditos” y recuperan leyendas y narraciones que provienen de los primeros tiempos.
Ahora bien, nos interesa ir un poco más allá: ¿qué sucede cuando existen dos o más significaciones sociales? ¿Cómo se dirimen los procesos de territorialización? En los términos de una dinámica de disputas territoriales, es sugerente que desde este enfoque “no existe un territorio en sí, solo existe un territorio para alguien que puede ser un actor social, tanto individual como colectivo” (Nates Cruz, 2011, p. 211). En este sentido, son las prácticas y significaciones de los sujetos en contexto las que pueden dar cuenta de la construcción espacial, visibles a partir de lo que denomina dominios culturales, tales como la economía, la salud, la religión, entre otros.
El mapa resulta un filtro del territorio construido para conocer y actuar sobre él. Andre Corboz (2015) advertirá sobre los peligros de confundirlos, observando aquellos gobiernos que, mientras consideran que sus acciones se dirigen a un territorio, en realidad gobiernan un mapa. Esta idea nos permite pensar los mapas como tecnologías y estrategias narrativas (Ares, 2015), son discursos, objeto de estudio y producción del campo de la Geografía (principalmente). A este respecto, la producción de mapas es una práctica instauradora de poder, marca, evidencia y ocupa. Como nos enseña Harley:
“El poder viene del mapa y atraviesa la forma en que están hechos los mapas. La clave de este poder interno es, entonces, el proceso cartográfico (...). Clasificar el mundo es apropiarse de él de tal manera que todos estos procesos técnicos representan actos de control sobre sus imágenes, que se extiende más allá de los supuestos usos de la cartografía”. (2005, p. 202)
Si pensamos a los territorios como producto y proceso de disputas, la cartografía como texto y tecnología de poder, deviene una instancia más de representación de poder —en plural—. Así como diferentes actores producen mapas que circulan y clasifican espacios, podemos elaborar cartografías subalternas, es decir, marcar los trazos espaciales con los que diferentes actores significan, clasifican, controlan y reproducen los territorios que habitan.
Reflexiones finales
Durante el recorrido del presente artículo intentamos reconstruir el proceso de coproducción de un mapa con la comunidad aborigen Corunda Corondá. La pregunta inicial que guiaba al equipo de extensión se relacionaba con una serie de inquietudes que el cacique manifestaba como relevantes. A través de la construcción de acuerdos, empezamos a pensar: ¿qué mapear? ¿Cómo hacerlo? ¿Para qué? ¿Para quiénes? También nos parecía central pensar posibles interlocutores del mapa resultante (estudiantes y docentes de escuelas, visitantes del Museo, agentes del Estado, entre otros).
En cuanto a este núcleo de preguntas, podemos afirmar que, para el caso desarrollado, nuestra tarea constituye un “entre”. Un entre que intenta dar cuenta de prácticas de apropiación de la Comunidad, prácticas históricas representadas sobre un soporte papel, que se superponen con otras prácticas de dominación: creación de un Parque Nacional, propiedad privada de isla, nomenclación de islas en la Ley provincial 12086. Nuestro mapa es un “entre” que pivotea entre estas dos lógicas, muestra formas en que distintas territorialidades se solapan, ilustra asimetrías de poder. A su vez, si bien es un resultado asincrónico, una especie de “foto” de un momento dado, se preocupa por el aspecto procesual. Es inconcebible sin un relato. Así como la cartografía estatal produce poder, sostenemos que los cartógrafos sociales también lo generamos en la medida en que el texto se convierte en herramienta de saber–poder y se pone en circulación, se hace eco de lo que Harley (2005) denomina el “poder cartográfico”. Nuestra postura se aleja del empirismo, ya que no buscó definir ni juzgar los mapas en función de la información que tienen. No nos interesó la cantidad de información reunida, sino más bien producir una cartografía consciente respecto del sentido de sí misma.
Ahora bien, más allá del taller y el mapa, la propuesta de este escrito abre otro camino. Se constituye como el “después” del mapeo. Una relectura metodológica en torno a preguntas como: ¿por qué mapear con otros? ¿Cómo volver sobre lo mapeado?
En lo que hace a la importancia de mapear con otros y el modo en que recuperamos ese trayecto recorrido, podemos afirmar, en primer lugar, que el método cartográfico permitió habilitar una forma de trabajo colectiva que, aunque se encontraba inicialmente “guiada” y diseñada, ha ido derivando en nuevas dinámicas dentro del taller. Estar atentas a ello hizo posible conocer ciertas formas organizativas de la Comunidad e, incluso las y los habilitó a reconocerse entre sí como conocedoras y conocedores del territorio. El proceso de traducción para la elaboración de una cartografía final, que no es necesariamente definitiva, implicó un análisis de todos los registros del taller. También un proceso de selección de iconografía pertinente. La decantación de relatos en pequeños gráficos representativos no nos resulta suficiente; es así que el mapa–texto se constituye de una serie de territorios que hacen a las prácticas presentes e históricas de la Comunidad: territorios empadronados, de oportunidad, recorridos, arqueológicos y malditos.
Esa elaboración de cartografía con otros permitió que nuestros interlocutores se apropiaran y modificaran el proceso de trabajo del proyecto de extensión, aportando elementos reflexivos acerca de sus propias prácticas, estableciendo límites y consensos, entre ellos y con el resto del equipo perteneciente a la universidad. En tal caso, identificamos esto como un paso necesario para lograr metodológicamente el “plano común” de los procesos de cartografía social (Diez Tetamanti, 2018).
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Contribución del autor/a (CRediT)
Conceptualización: Cabre, P. y Gomitolo, M. Metodología: Cabre, P. y Gomitolo, M. Curación de datos: Cabre, P. y Gomitolo, M. Redacción – borrador original: Cabre, P. y Gomitolo, M. Redacción – revisión y edición: Cabre, P. y Gomitolo, M.
Biografía del autor/a
Pilar Cabre: Licenciada en Geografía por la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y doctoranda en Geografía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Becaria Doctoral en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (CONICET–UNL).
Mercedes Sofía Gomitolo: Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctora en Humanidades por la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Profesional de Apoyo a la investigación en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (CONICET–UNL). Docente del Seminario de Diseño de Tesina de la Licenciatura en Trabajo Social, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, UNL.
Notas
Información adicional
Para citación de este artículo: Cabre, P. y Gomitolo, M. (2025). Cartografiar presentes y memorias. Territorios insulares desde la Comunidad Corunda Corondá de Santa Fe, Argentina. +E: Revista de Extensión Universitaria, 15 (22), e0008. doi: 10.14409/extension.2025.22.Ene-Jun.e0008
Información adicional
redalyc-journal-id: 5641