

Artículos libres
Entre el desamparo y el consumo como medio exclusivo para ser. Notas sobre juventudes populares y neoliberalismo
Means of being: between helplessness and consumption. Notes on popular youth and neoliberalism
PAPELES del Centro de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL
Universidad Nacional del Litoral, Argentina
ISSN: 1853-2845
ISSN-e: 2591-2852
Periodicidad: Semestral
vol. 20, núm. 1, e0077, 2025
Recepción: 23 diciembre 2024
Aprobación: 22 abril 2025

Resumen: Proponemos un recorrido teórico para pensar el neoliberalismo y sus implicancias en las juventudes en general, y en las juventudes populares en particular. Entendiendo que el neoliberalismo es un proyecto político que trasciende objetivos económicos y políticos partidarios, sino que es ante todo un modelo cultural y de subjetivación que tiene al consumo y a la individualidad como valor esencial. En este marco, las juventudes son blanco ideal de estos mandatos y quienes, a su vez, padecen condicionantes materiales cada vez más estructurales que el propio neoliberalismo dispone. Esta tensión supone el desamparo para las y los jóvenes, las imposibilidades de proyectarse material y simbólicamente a nivel colectivo. Proponemos, entonces, recuperar el lazo social como herramienta de disputa política y de intervención profesional en escenarios donde, como nuestros sujetos de intervención, nos atraviesa el desamparo.
Palabras clave: Juventudes, Neoliberalismo, Consumo, Desamparo.
Abstract: In this article we made a theoretical overhaul to think about neoliberalism and its implications for youth in general, and for popular youth in particular. We start from understanding that neoliberalism is a political project that transcends economic objectives. We grasped it as a cultural and subjectivation model that has consumption and individuality in its center. According this, we consider that youth are the ideal target of these mandates and who, in turn, suffer from increasingly structural material conditions that neoliberalism itself provides. This tension represents helplessness for young people, the impossibility of projecting themselves materially and symbolically at a collective level. Then, the main idea of this article is to claim the importance of the social link as a tool of political dispute and professional intervention in scenarios where, as our subjects of intervention, we are helpless.
Keywords: Youth, Neoliberalism, Consumption, Helplessness.
1. Introducción
En Argentina somos contemporáneos de tiempos políticos y económicos signados por la conflictividad, el arrasamiento y la incertidumbre, potenciado por un paulatino desplazamiento consciente del Estado en sus obligaciones como garante de derechos básicos. En este sentido, las juventudes de los distintos sectores sociales aparecen señaladas y estigmatizadas, consideramos necesario –para el Trabajo Social en particular y para las Ciencias Sociales en general- profundizar en algunas preguntas que, sin ánimos de concluir en esta nota, puedan aportar al debate y a escaparle a las consignas con las habitualmente se nos invita a entender la época y el rol de las juventudes en ella.
1.1. ¿De qué hablamos cuando hablamos de neoliberalismo?
Podemos decir que el advenimiento del Neoliberalismo -que desde las últimas décadas del siglo XX en adelante se impuso a nivel global- tuvo un impacto insoslayable en las sociedades, de forma particular en nuestras latitudes y hoy somos testigos de su exacerbación como proyecto político. Cabe la aclaración que la instalación de dicho proyecto, sobre todo en nuestro país, no se dio sin tensiones, ni resistencias e incluso gobiernos con improntas y discursos de oposición, generando pendulaciones en su hegemonía en cuanto al Gobierno y a la sociedad, aunque siempre estando presente como discurso en partidos políticos, medios de comunicación, maquinaria publicitaria y diferentes nodos de construcción de sentido ligados a élites económicas.
Habitualmente, en la conversación pública, tendemos a reducir al neoliberalismo a su faz estrictamente económica, resaltando las catástrofes que las privatizaciones o la mercantilización de derechos básicos que para las grandes mayorías genera condiciones de precariedad y pobreza. O, más bien, se pondera en su carácter político partidario y el foco se pone en nuevos partidos políticos extravagantes y sin historia -como es el caso del partido que gobierna Argentina desde diciembre del 2023-. Sin embargo, en este trabajo partimos de entender al neoliberalismo como un proyecto político profundo, ambicioso en términos económicos y de socavamiento del Estado pero también en términos sociales-culturales: con un objetivo muy claro de producción de individuos, deterioro de vínculos y lazos sociales, un proyecto que reemplaza la idea de ciudadanía –con el Estado como garante de Derechos- por la de consumidores –con el Mercado como única vía de acceso válida a bienes y servicios- (García Canclini, 2012). Entonces, en este trabajo cuando hablamos de Neoliberalismo hablamos de una transformación en la lógica de mercado pero -sobre todo- como forma de gobierno y de producción de subjetividades. En este sentido, nos interesa analizar algunas incidencias concretas que tiene esta lógica en las juventudes de nuestro país, particularmente en aquellas signadas -en términos históricos- por el arrasamiento: de mercado, del Estado, subjetivo.
1.2. Juventudes como campo
Categorizamos juventudes en plural, en coincidencia con lo planteado por diversos autores (Bourdieu, 2002; Chaves, 2009; Feixa, 2006; Levi & Schmitt, 1996), ya que no se trata de un mero dato temporal o biológico sino de un constructo social, político y cultural, de carácter relacional y transicional, que está geográfica, social e históricamente situado y es profundamente dinámico. Estas características hacen que sea impertinente hablar de una sola juventud, sino de múltiples juventudes sujetas a variables de fragmentación económica y social y a los cambios históricos, entre otras variables. En este marco, podemos afirmar que las juventudes conforman una condición social, esto es acorde a lo planteado por Mekler (1992):
(…) un conjunto de estatutos que asume y funciones sociales que desempeña una categoría determinada de sujetos en la sociedad (…) es un fenómeno histórico cultural que puede transformarse y se transforma en el desarrollo de una sociedad, y varía de una formación social concreta a otra (citado en Chaves 2009:11).
Es decir, podemos asegurar que las leyes que hacen al campo de las juventudes y a su ‘condición social’ son profundamente condicionadas por procesos que exceden al propio campo y, a su vez, blanco de tensiones, disputas, luchas entre actores de los más diversos.
En este sentido, como proponen Levi & Schmitt “La juventud concentra igualmente un conjunto de imágenes vigorosas, de maneras de pensarse y de figurarse a sí misma, al mismo tiempo que a toda la sociedad. Esas imágenes son uno de los principales terrenos de enfrentamiento de lo simbólico.”(1996:12). Es decir, las juventudes concentran en su seno mandatos particulares (imágenes vigorosas) para auto referenciarse y para enfrentarse simbólicamente en el marco de la tensión entre la construcción social de la juventud (como cada sociedad elabora las formas de ‘ser jóvenes’) y la construcción juvenil de la cultura (la forma en que las y los jóvenes procesan y producen la cultura) (Feixa, 1998 citado en Mosquiera, 2010: 3). Consideramos que es esta tensión la que le da cuerpo a los debates del campo de las juventudes, y esto queda expuesto en el escenario actual.
Hoy, más de medio siglo después de esta ‘emergencia de las juventudes’ en el campo de las ciencias sociales,[1] podemos hacer una relectura de estos procesos en tanto el propio mercado fue generando desigualdades y fragmentando el campo de las juventudes. En este escrito nos abocaremos a las juventudes populares solo como uno de los posibles fragmentos de este campo. Nos referimos como juventudes populares al universo heterogéneo y polimorfo de experiencias y formas de vivir las juventudes que este fenómeno expulsivo generó en lo material, pero también en lo subjetivo, cultural y social. Estas juventudes son expuestas al modelo de subjetivación neoliberal a la par de experimentar las expulsiones del mercado y de las instituciones de contención tradicionales, generando profundas tensiones sobre las que profundizaremos a continuación.
2. Producción de subjetividad y precarización de la vida material en las juventudes
Entendemos al neoliberalismo como productor de subjetividad no en clave determinista: las subjetividades no se producen ni estrictamente en términos sociales y culturales, ni estrictamente en términos psicoevolutivos e individuales. Más bien, como plantean varios autores (Alemán 2016, Anzaldùa Arce 2012, Bleichmar 1999, Biset 2015) entendiendo que en la propia noción de sujeto hay un juego de tensiones. Para Foucault, la idea de sujeto no responde a una esencia invariante, sino más bien al modo histórico de Ser de los seres humanos, es decir, responde a los modos de subjetivación creados en los dispositivos de poder de cada tiempo histórico; y la subjetividad es la manera que las personas se constituyen como sujetos a partir de su propia experiencia (Foucault, 1996 citado en Anzaldùa Arce 2012: 3). El sujeto se constituye en una tensión: la paradoja radicalizada entre súbdito de una producción de subjetividad de la época y soberano por sus herramientas para constituirse como sujetos en la propia experiencia (Biset, 2015). En este sentido, el neoliberalismo como un dispositivo de poder impulsa al consumo como valor fundamental y a la producción de un individuo autosuficiente como una suerte de ‘sujeto ideal’ de la época, intentando borrar todo tipo de estructura y de lazos sociales.
En este marco, en un análisis de las juventudes de la década de los ’90, etapa de recrudecimiento y profundización del proyecto político neoliberal en nuestro país, Pegoraro se refiere al mismo como:
(…) un modelo de apropiación y distribución regresiva de bienes y servicios que ha victimizado a amplios sectores de esta franja etaria, en especial a los de bajos recursos, expulsándolos del ámbito escolar y del trabajo, sumiéndolos en la degradación y la miseria, produciendo una inequidad social mayor y más amplia que hace unas décadas atrás (Pegoraro, 2002: 277).
En lo estrictamente laboral, las tasas de desempleo triplicaron a la de otros grupos etarios (Beccaria 2005 citado en Chaves 2009: 39) impulsando un deterioro social que, a partir de esta década, se constituye un problema general con raíz estructural y carácter complejo (Lépore y Schleser, 2004 citado en Chaves 2009: 39). Es en éste período donde la desigualdad social -acentuada entre las juventudes- y la fragmentación social se consolida.
En este sentido, Bleichmar (1999) realiza una distinción entre la producción de subjetividad y la constitución del psiquismo. Por un lado, la producción de subjetividad, como venimos diciendo, se da en relación a la construcción social del sujeto, en articulación con variables sociales, históricas y políticas. Por otro lado, la constitución del psiquismo está dada por variables que trascienden los modelos sociales e históricos y que pueden cercarse en el campo específico de pertenencia. Podemos identificar que las condiciones materiales y simbólicas de precariedad a las que el advenimiento neoliberal expuso a grandes masas poblacionales y su correspondiente implicancia en trayectorias familiares, instituciones, lazos comunitarios, dan cuenta de, al menos, un deterioro de condiciones óptimas de constitución psíquica en relación a las posibilidades de amparo. Estos procesos no hicieron más que profundizarse a escala estructural con la proliferación de dispositivos neoliberales y el aumento de la precariedad de la vida, arrasando de forma material y subjetiva a las infancias y juventudes populares.
3. El consumo como medio exclusivo y el desamparo como la cara no publicitaria de la época
El neoliberalismo pone en jaque a muchos de los ordenadores que históricamente estructuraron la vida en sociedad y construyeron subjetividades.Las instituciones modernas, que en su gran mayoría aún perduran con muy pocas adaptaciones a los cambios sociales, políticos, económicos, tecnológicos a los que asistimos, fueron pensadas y disponen su funcionamiento para la formación de sujetos sociales que, al menos, ya no pueden representar una generalidad homogénea.
Amén de la crítica y revisión que -consideramos- merece que las instituciones en sus burocracias y funcionamientos tengan tantas dificultades para dialogar con las transformaciones que se dan en la sociedad a la que pertenecen, y que implicaría otro tipo de análisis, en este contexto de crisis e inestabilidad ¿Cuáles son las nuevos ordenadores sociales que desplazaron a las instituciones tradicionales? Guillermo Belaga (citado Alemán, J., Schor-Landman, C., Belaga, G., & Delgado, O., 2009) sostiene que “…la situación actual se caracteriza por un nuevo imperativo superyoico, una voz que llama a ser ‘todos consumidores’ y ordena la relación social.” (2009: 5). Si el consumo es lo que ordena –con el caos que eso implica- ¿Cómo participan las juventudes? ¿Cuáles son las convocatorias que se les hacen a los y las jóvenes? Volviendo con Anzaldúa Arce podemos decir que “Las convocatorias transmiten significaciones sociales que forman parte del imaginario social” (2012: 193) y que en Occidente –fundamentalmente post 2da Guerra Mundial- la convocatoria a las juventudes es a construir una identidad, un sentido para sí, que los defina en cómo son y cómo quieren ser y, fundamentalmente, cómo desean ser vistos. Así, con el advenimiento del neoliberalismo, las subjetividades juveniles se transformaron en blanco de convocatorias impulsadas y regidas bajo reglas de mercado. Para este sector social, en su heterogeneidad, la convocatoria es a constituirse como sujetos de consumo primero y de esa forma construir una identidad, un lugar en la sociedad.
En un mundo donde para ser hay que consumir ¿qué pasa con las masas de jóvenes que quedan expulsados de los medios formales –y legales- de acceso al consumo en países como los nuestros? Siguiendo a Feixa (1994), podemos encontrar en esta tensión uno de los factores que son condición de posibilidad para la emergencia de prácticas sociales alternativas para solucionar la vida material, producir su propia cultura, construir unas juventudes subterráneas por fuera de lo que la sociedad de consumos para pocos tiene para proponerles. En este sentido, Sergio Tonkonoff comparte:
Ahora, fuera o en los márgenes del mercado laboral, y más lejos aún del sistema de educación formal, muchos de los miembros biológicamente jóvenes de los sectores populares urbanos no tienen más remedio que ser también socialmente jóvenes. Y sin otro lugar que el ocio forzado, deben pugnar por construir esa identidad a través de elementos pasibles de ser cados positivamente.” (Tonkonoff, 2007:139).
Amén de las diversas formas que pueden darse desde determinados sectores para acceder al consumo y significar positivamente tales o cuales prácticas, las reacciones de las y los jóvenes frente a estas contradicciones “…son diversas: frustración, desencanto, violencia, miedo, parálisis y evasión” (Anzaldúa Arce, 2012: 202).
En este marco, Perla Zelmanovich sostiene que actualmente:
Todos, grandes y chicos, son testigos del debilitamiento de un tejido simbólico que estructura los ideales y las creencias. Así, la contingencia dramática de los acontecimientos se ve potenciada en sus efectos por el empobrecimiento de las significaciones que brindan el amparo necesario frente a lo incomprensible. (Zelmanovich, 2013: 1).
En este sentido, como plantea Del Carmen Rodriguez-Rendo (2012) asistimos a una época en donde el sujeto está a la intemperie, un tiempo de tanta fragilidad simbólica que impacta en el psiquismo e invita al sujeto a convivir con el miedo. Este debilitamiento del tejido simbólico, a la luz de lo que venimos desarrollando, impacta de forma singular y se profundiza en las juventudes, particularmente en las juventudes populares por un aspecto fundamental: la imposibilidad de inscribir la vida en el tiempo, de pensar y construir un porvenir, de saber desde donde se viene (y sus porqués) para planificar hacia dónde se va, en términos individuales pero sobre todo en términos colectivos. En este sentido, Perla Zelmanovich señala que:
La actualidad de la violencia compromete de manera particular a los adolescentes, a los jóvenes. En sus explosivas expresiones se deja ver y escuchar la ausencia de un porvenir, dimensión constitutiva de la subjetividad de esa etapa de la vida. Su ausencia se hace evidente en el exabrupto, en esos pasajes anticipados por realizar ‘actos’, por actuar intempestivamente. Actos que hablan de esa falta de dimensión del porvenir como guardián del presente (Zelmanovich, 2003: 6).
La imposibilidad de concebir futuro es, entonces, la ausencia de sentido, de un para qué que de alguna forma ordene el presente. En esta línea, podemos ubicar las transgresiones a algunas normas elementales, la exposición y la apropiación de una violencia desproporcionada (más allá que en ocasiones la misma esté profundamente significada y sea un factor de reconocimiento entre pares), la no evaluación de los riesgos, las dificultades de medir consecuencias de los actos, la construcción de vínculos esporádicos y descartables (que consecuentemente no merecen mayor cuidado), entre muchos otros comportamientos cuya condición de posibilidad es una ausencia de sentido propia de un no-futuro.
Es en este contexto de desamparo, de fragilidad simbólica y de instituciones que ya no alojan, donde emergen otros tipos de filiaciones para juventudes populares en tanto “…vida que bulle, se organiza y legitima estrategias de supervivencias por fuera de los montajes jurídicos” (Lampugnani, 2013: 23). Las filiaciones son el proceso singular que un sujeto hace de su pertenencia a un linaje o grupo (Freud, 1921 citado en Lampugnani 2013: 9), y es el desamparo estructural que neoliberalismo propone para las juventudes populares la condición de posibilidad para la emergencia de prácticas sociales y culturales que, en gran medida, los y las expone a riesgos para propios y terceros. En este sentido, entendemos que, continuando con Zelmanovich (2013), las juventudes están caracterizadas por ensayos de una búsqueda anticipada por la identidad, por la respuesta prematura a “¿quién soy?” y, como dijimos, cuyo medio exclusivo de respuesta es el consumo. Por lo tanto, consecuentemente, entendemos que es el propio neoliberalismo que deja a las juventudes populares, en tanto ‘in-empleado estructural’ (Alemán, 2015), a la merced de discursos ligados a la violencia, al consumo frenético de sustancias, a la rudeza, al aguante o a estructuras delictivas organizadas, en tanto formas de acceder a la cultura, de generar proyectos identitarios y de socializar.
4. Consideraciones ¿finales? Apelar al lazo social como alternativa (necesaria) para la construcción de futuros colectivos posibles
El desamparo masivo que experimentan las juventudes populares es una cara más –probablemente de las más crueles- de la propuesta de cultura individualista del proyecto neoliberal y, como dijimos anteriormente, donde el consumo pareciera ser el único medio para responder al interrogante “¿quién soy?”. Somos contemporáneos a una época donde el proyecto político hegemónico tiene como objetivo el deterioro del lazo social, al que Carballeda lo define como:
(…) un mecanismo atravesado por lo simbólico, que da cuenta de la relación entre sujeto y mundo social, es singular y está compuesto por elementos materiales y múltiples significaciones que se hacen necesarios en la construcción de subjetividad, dado que actúan como mediadores en la construcción de diferentes sistemas de significación y valores que nos hacen sujetos (Carballeda, 2013: 70).
En este sentido, el lazo social está siendo ‘tiranizado’ por la lógica de consumo y del mercado (Rodriguez Rendó, 2012) que pareciera todo abarcarlo, incluso el vínculo entre seres humanos. Jaimovich (2009) plantea que “Para que el consumo sea efectivo, el vínculo con las personas debe fragilizarse y esto se consigue por la vía de desbancar al sujeto y consagrar al objeto” (citado en Federico Bustos 2021: 40).
El neoliberalismo nos propone un mundo donde el Otro ya no abriga, no contiene, no da garantía ni seguridad, sino que se presenta como una competencia –cuando no enemigo o amenaza- en una carrera eterna de oferta y demanda que de manera errática se proponen como una solución a la búsqueda de sentido. Así, sostenemos que el vínculo con otros, con el Otro, con la comunidad, la posibilidad de pensar porvenires culturales, sociales y políticos en común, resulta condición de posibilidad para la constitución del sujeto.
La apelación al lazo social se presenta como herramienta y a la vez horizonte de resistencia al proyecto político neoliberal. Entonces, para quienes intentamos enfrentar este proyecto desde nuestros trabajos, militancias o activismos, resulta un imperativo bregar por la aparición de ese Otro. Y en este marco, pensando las intervenciones con juventudes populares, es menester sostener lugares para la emergencia de un deseo singular que contemple lo colectivo, habilitando la búsqueda de un porvenir, un proyecto, ante el naufragio de ideales (Zelmanovich, 2013) y de sentido que propone el neoliberalismo individualista y esta época donde el consumo pareciera ser el único medio para ser.
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